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Jánico

“Bajadero” ante el conflicto

Las relaciones formales e informales entre Haití y la República Dominicana se han hecho tensas debido a la situación de crisis de gobernabilidad en que ha caído el vecino país, a lo que se le añade el conflicto por el canal que los haitianos construyen para derivar las aguas del río Masacre.

La situación del canal ha obligado al Gobierno que encabeza Luis Abinader a tomar una serie de medidas, entre las cuales destaca el cierre de la frontera, suprimiendo el intercambio comercial entre ambas naciones.

Esa última medida, aunque ha recibido el apoyo de la mayoría de los dominicanos, resulta negativa para productores y comer­ciantes de nuestro país, ya que Haití cons­tituye un gran mercado para la exportación de la producción nacional.

Esa situación particular que afecta, además, a los habitantes de la frontera que viven del intercambio comercial con los haitianos, está presionando al gobierno para que flexi­bilice las medidas tomadas que buscan que Haití detenga la construcción del canal del Masacre, a manera de que se salve el caudal de agua del río binacional que ha de utilizarse para beneficiar a los haitianos y los dominicanos, según lo establecido en los acuerdos internacionales entre las dos naciones.

Ante la grave situación que se vive en la frontera, el gobierno está compelido a buscarle un “bajadero” que justifique la anunciada flexibilización del cierre de toda la frontera. Ese “bajadero” consiste en la rehabilitación del canal de La Vigía, cuyas tomas de agua están más arriba del canal de los haitianos, con lo cual el país recuperaría la proporción de aguas del Masacre que le corresponde, beneficiando proporcionalmente a los productores haitianos regados por los canales de esa obra.

Terminada en dos o tres semanas esa rehabilitación de La Vigía, el gobierno podría reinaugurarla con la celebración de un acto de “reafirmación nacional y patriótica”, hasta esperar que la ONU disponga la fuerza de intervención en Haití, con lo cual se podría normalizar la gobernabilidad, la racionalidad y el respeto a los compromisos formales binacionales con Haití.

Ese acto “salva patria” le dará la salida al gobierno para decretar el fin del cierre de la frontera, de modo que se normalice el intercambio comercial y migratorio, condiciones que han puesto al descubierto la debilidad de los dominicanos, frente a la “insolvencia haitiana” por su estado histórico de pobreza y por estar marcada por un siquismo comprometido con el “imperialis­mo haitiano” a nivel de la clase política, según Balaguer, que los hace creer superiores a los dominicanos.

¡Busquemos, pues, ese “bajadero” y normalicemos la frontera!   

Editorial del Diario "La Información"

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