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Recordando al Poeta Nacional Pedro Mir en el 111 aniversario de su natalicio

PerspectivaRecordando al Poeta Nacional Pedro Mir en el 111 aniversario de su...

Un día como hoy, 3 de junio de 1913, nació en el Ingenio Cristóbal Colón, San Pedro de Macorís, Pedro Julio Mir Valentín, un poeta y escritor dominicano que se convertiría en una figura trascendental en la literatura de su país. Reconocido como el Poeta Nacional por el Congreso Dominicano en 1984, Pedro Mir fue parte fundamental de la generación de los 'Independientes del 40′, una corriente poética que marcó un hito en la poesía dominicana.

Durante su juventud, Mir se dedicó al magisterio en su ciudad natal, San Pedro de Macorís. Fue en esta etapa cuando comenzó a escribir sus primeros versos, los cuales fueron publicados en el rotativo Listín Diario en 1937. Su pasión por las letras se conjugó con su interés en el derecho, carrera que estudió en la Universidad de Santo Domingo, obteniendo su doctorado en 1941.

La dictadura del general Rafael Leónidas Trujillo y problemas de salud llevaron a Pedro Mir a abandonar su país en 1947. Su exilio lo llevó a México, Guatemala y Cuba, países que le brindaron refugio y donde continuó su labor literaria. En 1949, publicó su obra más emblemática, "Hay un país en el mundo", subtitulada "Poema gris en varias ocasiones". Este conmovedor canto a la patria le otorgó un prestigio continental, situándolo en la poesía comprometida centroamericana, siempre manteniendo una estética rigurosa y un profundo compromiso con el sentir colectivo.

Tras su regreso a la República Dominicana, Mir fue nombrado profesor de estética en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Allí, se dedicó a la investigación histórica y artística, así como al ensayo y al periodismo literario. Su producción literaria y académica fue prolífica y constante. Entre sus logros se encuentran el Premio Nacional de Historia por su ensayo "Las raíces dominicanas de la Doctrina Monroe" (1974) y el Premio Anual de Poesía por su extenso poema "El huracán Neruda" (1975).

Además de sus galardonadas obras, su producción literaria incluye "Seis momentos de esperanza" (1953), "Poemas de buen amor y a veces de fantasía" (1969), "Amén de mariposas" (1969), "El gran incendio" (1969), "Viaje a la muchedumbre" (1971) y "El huracán Neruda" (1975). Sus contribuciones al ensayo se materializaron en títulos como "El gran incendio" (1969), "Apertura a la estética" (1974) y "Fundamentos de teoría y crítica de arte" (1978).

El conjunto de su obra, su dedicación a la enseñanza y su compromiso con la investigación le valieron el reconocimiento del Congreso dominicano en 1984 como Poeta Nacional y, en 1993, el Premio Nacional de Literatura.

Pedro Mir falleció el 11 de julio de 2000, dejando un legado imborrable en la historia literaria de la República Dominicana. Su vida y obra continúan siendo una fuente de inspiración y orgullo para su nación, reflejando el poder de la poesía y la literatura como herramientas de expresión y transformación social.

Fragmento del poema "Hay un país en el mundo"

Hay un país en el mundo colocado
en el mismo trayecto del sol,
Oriundo de anoche,
Colocado en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol.
Sencillamente liviano, como una ala de murciélago apoyado en la brisa.
Sencillamente claro, como el rastro del beso en las solteras antiguas.

o el día en los tejados.
Sencillamente frutal, fluvial. Y material. Y sin embargo
sencillamente tórrido y pateado
como una adolescente en las caderas.
Sencillamente triste y oprimido.
Sinceramente agreste y despoblado.

En verdad.
Con dos millones suma de a vida y entre tanto cuatro cordilleras cardinales
y una inmensa bahía y otra inmensa bahía, tres penínsulas con islas adyacentes y un asombro de ríos verticales
y tierra bajo los árboles y tierra bajo los ríos y en la falda del monte y al pie de la colina y detrás del horizonte
y tierra desde el cantío de los gallos
y tierra bajo el galope de los caballos
y tierra sobre el día, bajo el mapa, alrededor
y debajo de todas las huellas y en medio el amor.
Entonces es lo que he declarado.
Hay un país en el mundo
sencillamente agreste y despoblado.

Algún amor creerá
que en este fluvial país en que la tierra brota,
y se derrama y cruje como una vena rota,
donde el día tiene su triunfo verdadero,
irán los campesinos con asombro y apero
a cultivar, cantando su franja propietaria.
Este amor
quebrará su inocencia solitaria.
Pero no.
Y creerá que en medio de esta tierra recrecida,
donde quiera, donde ruedan montañas por los valles
como frescas monedas azules, donde duerme
un bosque en cada flor y en cada flor de la vida,
irán los campesinos por la loma dormida
a gozar forcejeando con su propia cosecha.
Este amor
doblará su luminosa flecha.
Pero no.
Y creerá
que donde el viento asalta el íntimo terrón
y lo convierte en tropas de cumbres y praderas,
donde cada colina parece un corazón,
en cada campesino irán las primaveras
cantando entre los surcos su propiedad.
Este amor
alcanzará su floreciente edad.
Pero no.
Hay un país en el mundo
donde un campesino breve, seco y agrio
muere y muerde descalzo su polvo derruido,
y la tierra no alcanza para su bronca muerte.
¡Oídlo bien! No alcanza para quedar dormido.
Es un país pequeño y agredido. Sencillamente triste,
triste y torvo, triste y acre. Ya lo dije
sencillamente triste y oprimido.

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