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Jánico

El son de Keka: música, baile, alegría y turismo

Rafael A. Escotto

Si usted busca un lugar para disfrutar de un sano esparcimiento espiritual, para relajarse del estrés de los tapones y del trabajo, bailar son en un ambiente sin inhibiciones ni prejuicios sociales y donde se baila un son sabrosón cuyo ritmo se vuelve contagioso y las parejas parecen entrar en un mundo encantado donde todos bailan, cada quien a su estilo, con una sonrisa de felicidad a flor de labios.

El lugar está enclavado en el casco urbano de la ciudad de Santiago de los Caballeros rodeado de un ambiente que parece una galería de arte en el que todas las viviendas o casas son una estampa de murales preciosamente dibujados por artistas de la plástica santiaguesa, representativa de las costumbres propias de la barriada de Los Pepines, con sus tradiciones, sus tonalidades y su historia.

El son de Keka surge por inspiración de sus lugareños, quienes al vivir en la calle donde nacieron los icónicos músicos Johnny Pacheco y Víctor Víctor y cantantes como Patricia Pereyra, respiraron y disfrutaron de la fragancia de su música y de su melodía.

También en el barrio Los Pepines era frecuente oír la voz romántica y cautivadora de un cantante de nombre Rafael Colón, conocido bajo el seudónimo de «La espiga de ébano», y quien parece haber heredado el dulce misterio de aquel árbol tropical nacido bajo la luna sobre el Jaragua.

El son de Keka se ha vuelto tan fascinante que en la calle Cuba, la única, hay una cita bailable y la presencia de embajadores extranjeros no falta cada domingo, para romper el ritual de la rigurosidad de la diplomacia capitalina, muchas veces austera y estresante.

Es el son, sin lugar a dudas, un ritmo relajante, excitante y sensual, dirían los experimentados bailadores dominicanos, como Bienvenido Peña & Milagros Muñoz. Para los que se inician en este baile en el que la elegancia del bailador adquiere su máxima expresión, incluyendo el atuendo, el son es tomado como un ejercicio de relajamiento muscular y para calmar los dolores de caderas.

Para un turista, de los tantos que visitan cada domingo el popular lugar, renombrado paraíso de la música originaria de Santiago de los Caballeros y llevada a Cuba por las hermanas Teodora y Micaela Ginés en la segunda mitad del siglo XVI.

El son es más que placer, es amalgama de culturas, de arte y de leyendas que terminan en una forma de aprendizaje donde no existen los idiomas, porque el baile de son es la única lengua que conecta.

Todo aquel amasijo de civilizaciones y de culturas se hace eterno en el alma del turista que visita el son de Keka. Esas lecciones aprendidas y vividas en este lugar son transmitidas de generaciones a generaciones, de culturas a culturas y de países a países, hasta formar una cadena que se anilla indisolublemente en viajes que se repiten hacia el edén del son de Los Pepines.

El son de Keka es una paradita obligada los domingos para botar el estrés, romper la monotonía del trabajo y participar del baile con la familia y ver bailar son en un ambiente cultural seguro, refrescante y agradable donde todo es placentero, dejándole al visitante en su memoria recuerdos, nuevas amistades y un acervo de experiencias inolvidables.

El son de Keka es lo más excelente conocido, lo más mentalmente saludable, lo más  entretenido, donde las parejas después de una riña se vuelven a reencontrar, en una especie de reconciliación amorosa, como el refulgir de las luces de Navidad, parecido al famoso reencuentro de Jennifer López y Ben Affleck.

Artículo tomado del periódico La Información

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