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PABLO NERUDA Y SU «VERSAINOGRAMA A SANTO DOMINGO»

Por Domingo Caba Ramos.

Pablo Neruda o Pablo de América (1904-1973) fue un poeta universal, Premio Nobel de Literatura y uno de los más grandes poetas de las letras hispanoamericanas. Inició su producción poética cantándole al amor, a la mujer, a las lilas, a la “metafísica cubierta de amapolas”, a la lluvia, a la naturaleza, sueños y grandes volcanes de su Chile natal. Corresponden a esta etapa, entre otros, su libro “Crepusculario” (1923) y sus muy famosos” Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (1924).

Pero el estallido de la Guerra Civil Española (18 de junio de 1936) le sacudió tan profundamente su conciencia que el poeta no sólo cambió el rumbo temático de su poesía, la cual se transforma en un testimonio directo, sino también su visión del mundo ante los problemas sociales y políticos. Asume una actitud de abierto compromiso con la causa republicana o antifranquista, abandona el tono intimista presente en sus versos de iniciación, su voz se convierte en la voz de los pueblos latinoamericanos, y es entonces cuando escribe sus libros “España en el corazón” (1937), “ Canto general a Chile” ( 1942), “ Canto de amor a Stalingrado” ( 1942 ) y su obra de mayor relieve poético, “ Canto General” ( 1950 )

En febrero de 1966, publica en Isla Negra (Chile) uno de los más solidarios y contundentes cantos de protesta que se haya escrito para condenar la segunda y brutal intervención que soldados de la armada estadounidense llevaron en República Dominicana en abril de 1965.

El 28 de abril del antes citado año , el entonces presidente de  los Estados Unidos, el “funesto” Lyndon B. Johnson, ordena la segunda intervención  de su norteña e imperial nación  al territorio dominicano, enviando, para consumarla, un contingente militar compuesto  por agentes de la guardia marina y  de la 82a División Aerotransportada del Ejército norteamericano, los  cuales conformaban un número total de cuarenta y dos mil soldados o, como bien los llamó  Neruda, cuarenta y dos mil “ hijos de perra…”

Se trató dicha ocupación, al decir del destacado historiador Roberto Cassá, de un hecho trágico y grotesco que frenó los intentos de retorno de Juan Bosch al poder, así como   los esfuerzos y anhelos del pueblo dominicano por instalar una verdadera democracia.El hecho le inspiró a Neruda, como ya referimos, una de las más solidarias piezas poéticas de la literatura hispanoamericana: “Versainograma a Santo Domingo”

«VERSAINOGRAMA A SANTO DOMINGO»

“ Perdonen si les digo unas locuras,
en esta dulce tarde de febrero,
y si se va mi corazón cantando,
hacia Santo Domingo, compañeros.

Vamos a recordar lo que ha pasado allí,
desde que don Cristóbal, el marinero,
puso los pies y descubrió la isla,
¡ay mejor no la hubiera descubierto!
porque ha sufrido tanto desde entonces,
que parece que el diablo y no Jesús,
se entendió con Colón en ese aspecto.

Esos conquistadores españoles,
que llegaron desde España, por supuesto,
buscaban oro y lo buscaron tanto,
como si les sirviese de alimento.

Enarbolando a Cristo con su cruz,
los garrotazos fueron argumentos,
tan poderosos que los indios vivos,
se convirtieron en cristianos muertos.

Aunque hace siglos de esta historia amarga,
por amarga y por vieja se la cuento,
porque las cosas no se aclaran nunca,
con el olvido ni con el silencio.

Y hay tanta inquietud sin comentario,
en la América hirsuta que me dieron,
que si hasta los poetas nos callamos,
no hablan los otros porque tienen miedo.

Ya se sabe en un día declaramos,
la independencia azul de nuestros pueblos,
una por una, América Latina,
se desgranó como un racimo negro,
de nacionalidades diminutas,
con mucha facha y con poco dinero.

(Andamos con orgullo y sin zapatos,
y nos creemos todos caballeros)

Cuando tuvimos pantalones largos,
nos escogimos pésimos gobiernos,
(rivalizamos mucho en este asunto,
Santo Domingo se sacó los premios)

En esta variedad un tanto triste,
tuvieron a Trujillo sempiterno,
que gracias a un balazo se enfermó,
después de cuarenta años de gobierno.

Podríamos decir de este Trujillo,
(a juzgar por las cosas que sabemos),
que fue el hombre más malo de este mundo,
(si no existiese Johnson, por supuesto),
se sabrá quién ha sido más malvado),
cuando los dos estén en el infierno).

Cuando murió Trujillo respiró,
aquella pobre patria de tormentos,
y en un escalofrío de esperanzas,
subió la luna sobre el sufrimiento.

Corre por los caminos la noticia:
Santo Domingo sale del infierno,
por fin elige un presidente puro:
es Juan Bosch que regresa del destierro,
pero no les conviene un hombre honrado,
ni a los gorilas ni a los usureros.

Decretaron un golpe en Nueva York,
le echan abajo con cualquier pretexto,
lo destierran con su constitución,
instalan a cualquier sepulturero,
en el tronco del mando y del castigo,
y los verdugos vuelven a sus puestos.

“La democracia representativa,
ha sido restaurada en este pueblo”
dijo El Mercurio en su “editorial” escrito,
en la Embajada que sabemos.

Pero esta vez las cosas no marcharon,
de un modo interesado aunque severo,
a norteamericanos y gorilas,
les salieron los tornillos en el queso,
y con voz de fusibles en la calle,
salió a cantar el corazón del pueblo.

Santo Domingo con su pueblo armado,
borró la imposición de los violentos:
tomó ciudades, campos y en el puente,
con el pecho desnudo y descubierto,
aplastó tanques, desafió cañones.

Y corría impetuoso como el viento,
hacia la libertad y la victoria,
cuando el tejano Johnson, el funesto,
con la sangre de muchos en las manos,
hizo desembarcar los marineros.

Cuarenta y cinco mil hijos de perra,
bajaron con sus armas y sus cuentos,
con ametralladoras y napalm,
con objetivos claros y concretos:
“Poner en libertad a los ladrones,
y a los demás hay que meterlos presos”.

Y allí están disparando cada día,
contra dominicanos indefensos.

Como en Vietnam el asesino es fuerte,
pero a la larga vencerán los pueblos.

La moraleja de este cuento amargo,
se las voy a decir en un momento,
(¡no se lo vayan a contar a nadie:
soy pacifista por fuera y por dentro!):

Ahí va:

Me gusta en Nueva York el yanqui vivo,
y sus lindas muchachas, por supuesto,
pero en Santo Domingo y en Vietnam,
prefiero norteamericanos muertos”

 (“Versainas de protesta por el desembarco de marines en Santo Domingo, publicadas en hojas sueltas en Valparaíso y en Santiago de Chile, 1966”)

 

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