El caso ha provocado indignación y vuelve a colocar bajo escrutinio los operativos de las unidades especiales de la Policía Nacional.
La muerte del teniente coronel retirado Carmelo Polanco ha dejado una mezcla de dolor, preguntas y tensión alrededor de un operativo policial que terminó de la peor manera posible en el sector La Ciénaga.
Cuatro agentes de la Policía Nacional fueron remitidos este lunes ante el Ministerio Público por su presunta vinculación con el hecho. Uno de ellos fue enviado en calidad de detenido, mientras otros tres permanecen bajo investigación para determinar responsabilidades individuales.
El vocero policial, Diego Pesqueira, confirmó que las investigaciones avanzan de manera conjunta con el Ministerio Público bajo una política de “transparencia y respeto al debido proceso”.
Pero la realidad es que el caso ya comenzó a generar una fuerte conmoción pública.
Y es que no se trata únicamente de la muerte de un ciudadano durante un operativo. Se trata de un oficial retirado de la propia institución policial, alguien que durante años formó parte de la estructura que hoy investiga su fallecimiento.
Según el informe preliminar, Polanco recibió un disparo mientras una patrulla de la unidad de Acción Rápida realizaba una intervención vinculada al microtráfico en La Ciénaga. Las autoridades sostienen, de manera inicial, que la muerte habría ocurrido “de forma accidental”.
Sin embargo, alrededor del caso empiezan a crecer dudas, cuestionamientos y versiones distintas.
Videos difundidos en redes sociales muestran a familiares y allegados del coronel retirado reclamando airadamente a los agentes presentes en la escena. Algunos aseguran que Polanco se encontraba compartiendo tranquilamente dentro de una vivienda al momento del incidente y que no representaba ninguna amenaza.
Las imágenes, cargadas de desesperación y enojo, rápidamente comenzaron a circular y alimentaron el debate sobre la actuación policial en operativos urbanos.
“Lamentamos profundamente la muerte de este oficial en honrosa condición de retiro”, expresó Pesqueira al confirmar que los agentes involucrados fueron puestos a disposición de la justicia.
Pero más allá del lenguaje institucional, el episodio vuelve a colocar bajo la lupa a una de las unidades más agresivas y controvertidas de la Policía Nacional: la Unidad de Acción Rápida, conocida popularmente como “Los Topos”.
El nombre no es casual.
Estos agentes fueron entrenados para intervenir en sectores urbanos complejos, callejones estrechos y zonas consideradas de alta peligrosidad. Se desplazan generalmente en motocicletas de alto cilindraje y operan bajo dinámicas de reacción rápida, especialmente en operativos contra microtráfico y delincuencia callejera.
Para algunos ciudadanos, representan presencia inmediata del Estado en barrios históricamente golpeados por la criminalidad.
Para otros, simbolizan una forma de intervención policial que muchas veces termina moviéndose en una línea demasiado delicada entre control y exceso.
La muerte de Carmelo Polanco ocurre, además, en un momento donde las actuaciones policiales vuelven a ocupar espacio central en la discusión pública dominicana. Especialmente después de las recientes cifras oficiales sobre muertes durante supuestos “intercambios de disparos” y el creciente debate sobre uso de fuerza, protocolos y derechos humanos.
Ahora la investigación deberá responder preguntas fundamentales:
qué ocurrió exactamente,
quién disparó,
y si realmente se trató de un accidente en medio del operativo o de una actuación negligente.
Mientras tanto, una familia llora la pérdida de un hombre que alguna vez vistió el mismo uniforme de quienes hoy están siendo investigados por su muerte.
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