La noche más esperada de Hollywood volvió a desplegar su magia. Luces, vestidos deslumbrantes, discursos entre lágrimas y bromas punzantes marcaron la 98ª edición de los Premios Óscar, una ceremonia que tuvo de todo: música vibrante, mensajes políticos, homenajes que estremecieron al público y hasta un empate que nadie esperaba.
Y es que, más allá del glamour de la alfombra roja, la velada terminó convirtiéndose en una mezcla intensa de arte, memoria y, por momentos, reflexión sobre el mundo actual.
El triunfo de una temporada perfecta
La gran protagonista de la noche fue “Una batalla tras otra”, que terminó de coronar una temporada de premios casi impecable al llevarse el galardón más importante: Mejor Película.
Su director, Paul Thomas Anderson, subió al escenario con un discurso cargado de honestidad. La verdad es que sus palabras fueron más allá del cine. Contó que escribió la película pensando en sus hijos, casi como una especie de disculpa.
“Lo hice por el desastre que hemos dejado en este mundo que les estamos entregando”, confesó.
Mientras tanto, la aclamada “Pecadores” también dejó huella durante la noche, consolidando su impacto con varios reconocimientos y un memorable número musical que abrió la gala.
Música que hizo vibrar al teatro
La ceremonia arrancó con un espectáculo que parecía sacado de una película.
El actor Miles Caton lideró un número musical inspirado en Pecadores, un recorrido emocional por la historia de la música negra: desde África Occidental hasta el blues del Delta y el hip-hop contemporáneo. En escena apareció incluso la reconocida bailarina Misty Copeland, quien sorprendió al público al actuar pese a haberse sometido recientemente a una operación de cadera.
Más tarde llegó otro momento histórico.
La canción “Golden”, interpretada por el grupo ficticio HUNTR/X de la película Las guerreras k-pop, ganó Mejor Canción Original, convirtiéndose en el primer tema de K-pop en obtener ese premio.
Y cuando parecía que la noche ya no podía sorprender más, ocurrió algo rarísimo en los Óscar: un empate.
Dos cortometrajes —Two People Exchanging Saliva y Los cantantes— compartieron el premio a Mejor Cortometraje de Acción Real.
El presentador Conan O’Brien no dejó pasar el momento:
“Acaban de arruinar 22 millones de quinielas de los Óscar”, bromeó, provocando carcajadas en el teatro.
La política también tuvo su espacio
Como suele ocurrir en los grandes escenarios, la política también se coló en la gala.
El actor español Javier Bardem, al presentar el premio a Mejor Película Internacional, lanzó un mensaje directo en su idioma:
“No a la guerra y Palestina libre”.
La película noruega “Valor sentimental”, dirigida por Joachim Trier, terminó llevándose esa categoría. En su discurso, el cineasta recordó una frase del escritor James Baldwin que resonó con fuerza en la sala:
“Todos los adultos son responsables de todos los niños”.
Y añadió algo que dejó el ambiente en silencio:
“No votemos por políticos que no tomen esto en serio”.
Otro momento de tono político llegó cuando Pavel Talankin, codirector del documental Mr. Nobody Against Putin, pidió desde el escenario algo simple pero contundente:
“Detengan todas estas guerras ahora mismo”.
Un homenaje que tocó el corazón
Pero si hubo un momento verdaderamente emotivo fue el tradicional segmento “In Memoriam”.
El veterano actor Billy Crystal ofreció un homenaje profundamente personal a su amigo Rob Reiner, quien fue asesinado junto a su esposa en Los Ángeles el año pasado.
Además, la academia recordó a varias figuras que marcaron generaciones en Hollywood, entre ellas Diane Keaton, Catherine O’Hara y Robert Redford.
La escena alcanzó su punto más conmovedor cuando Barbra Streisand, de 83 años, subió al escenario para interpretar unos versos de “The Way We Were” en honor a Redford.
Con la voz cargada de nostalgia, dijo algo que quedó flotando en el aire del teatro:
“Bob tenía una fortaleza verdadera, dentro y fuera de la pantalla… Yo lo llamaba un vaquero intelectual que abrió su propio camino. Lo extraño más que nunca”.
Hollywood también sabe promocionarse
Claro, los Óscar también son espectáculo… y negocio.
La cadena ABC, propiedad de Disney, aprovechó la audiencia global para promocionar varios proyectos del estudio.
Uno de los momentos más curiosos llegó cuando Sigourney Weaver y Pedro Pascal, protagonistas de The Mandalorian and Grogu, hicieron un pequeño número en el escenario… mientras Baby Yoda aparecía entre el público.
Por su parte, Anna Wintour y Anne Hathaway protagonizaron una escena cómica que, en el fondo, servía como adelanto de “El diablo viste de Prada 2”, cuyo estreno está previsto para este año.
Y como si fuera una reunión de viejos amigos, Chris Evans y Robert Downey Jr. volvieron a compartir escenario antes del estreno de “Avengers: Doomsday”.
Conan O’Brien: humor con filo
Gran parte del ritmo de la noche estuvo en manos del presentador Conan O’Brien, quien repartió bromas en todas direcciones.
Al inicio de la gala lanzó una línea que mezcló sarcasmo y actualidad:
“Es genial volver a conducir los Óscar. El año pasado, cuando los presenté, Los Ángeles estaba en llamas… pero este año todo va de maravilla”.
También se burló del director ejecutivo de Netflix, Ted Sarandos:
“Es su primera vez en un teatro”.
Ni siquiera Timothée Chalamet, nominado por Marty Supremo y que terminó sin premio, escapó de sus comentarios irónicos.
La verdad es que las bromas mantuvieron el ambiente ligero en una noche que, por momentos, también se tornó profunda.
Una gala que reflejó algo más que cine
Al final, la 98ª edición de los Óscar fue mucho más que premios.
Hubo música, política, nostalgia, marketing, risas… y también momentos de reflexión.
Porque el cine, al final, hace exactamente eso:
nos entretiene, sí… pero también nos obliga a mirar el mundo —y a nosotros mismos— un poco más de cerca.
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