A veces el silencio pesa más que cualquier comunicado. Y eso es, justamente, lo que ocurre ahora con los organizadores del Mundial en México. Tras los hechos violentos registrados este domingo luego de un operativo militar en el que murió Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el país volvió a colocarse bajo la lupa internacional.
Incendios, bloqueos, tensión en las calles. Imágenes que dieron la vuelta al mundo y que, inevitablemente, encendieron la pregunta incómoda: ¿está México listo para garantizar seguridad cuando arranque la Copa del Mundo el 11 de junio?
Por ahora, el Comité Organizador guarda prudencia. Puertas adentro se analiza el panorama; hacia afuera, el mensaje es breve pero claro: el trabajo continúa. “En las tres sedes estamos trabajando normalmente”, señaló una fuente vinculada a la organización. Y es que el país tiene asignados 13 encuentros: cinco en la Ciudad de México —incluido un duelo de octavos de final—, cuatro en Guadalajara, y cuatro en Monterrey.
Guadalajara, precisamente donde se registraron los disturbios, aspira a algo simbólico: convertirse en ciudad sede por tercera vez, después de 1970 y 1986. Allí está previsto uno de los partidos más atractivos de la fase inicial, el España–Uruguay del 26 de junio. Sin embargo, entrevistas pactadas para abordar el tema fueron pospuestas. No es casualidad.
La verdad es que el balón, al menos por ahora, sigue rodando. La Federación Mexicana de Fútbol confirmó que la selección entrena en Querétaro y que el amistoso ante Islandia se jugará según lo previsto. También está en agenda el choque frente a Portugal, el 28 de marzo, en el renovado Estadio Azteca. Ese partido no solo tendrá valor deportivo; además, servirá como vitrina para mostrar los avances de remodelación del estadio que abrirá el Mundial con el México–Sudáfrica.
Eso sí, hubo ajustes. La Liga MX suspendió el clásico femenino entre Guadalajara y América, y también el partido Querétaro–Juárez del Clausura masculino. Medidas puntuales que reflejan la tensión del momento.
Mientras tanto, la FIFA observa. Y el Gobierno Federal, junto a autoridades estatales, tendrá un papel clave en cualquier pronunciamiento oficial.
México quiere que el Mundial sea una fiesta, una vitrina global que proyecte organización y pasión. Pero antes de que ruede el balón en junio, el mayor desafío no será deportivo. Será demostrar, con hechos y no solo palabras, que puede ofrecer tranquilidad en medio de la incertidumbre.
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