Cuando Edward Guzmán asumió la dirección ejecutiva del Seguro Nacional de Salud (Senasa), en agosto de 2025, no se encontró con un escritorio ordenado ni con números que cuadraran fácilmente. La verdad es que lo que halló fue una situación compleja, pesada, de esas que no se explican en una sola reunión. Un déficit operacional de 14,700 millones de pesos que, según sus propias palabras, terminó por darle sustento a lo que ya advertía el Ministerio Público en la llamada Operación Cobra.
Y es que ese número, frío en apariencia, conecta directamente con una acusación aún más grave: un presunto desfalco que supera los 15,000 millones de pesos, atribuido a una red de corrupción que, según las autoridades, fue encabezada por el exdirector de Senasa, el doctor Santiago Hazim, hoy en prisión preventiva junto a otros implicados, cumpliendo 18 meses en la cárcel de Las Parras.
Durante una entrevista concedida a un medio de circulación nacional, Guzmán habló sin rodeos. Reconoció que la ARS estatal —que brinda cobertura de salud a más del 70 % de la población dominicana— estaba lejos de atravesar un buen momento. Además, dejó claro que el problema no era solo contable, sino estructural, como una grieta que se fue ampliando con el tiempo.
Sin embargo, no todo fue sombra. Y es que, contra todo pronóstico, Senasa cerró el año 2025 con un resultado positivo de 1,034 millones de pesos. Un respiro, pequeño pero real, que permitió reducir parcialmente el déficit operativo. “Ese déficit de 14,700 millones ya tuvo una reducción de 1,034 millones con el resultado del año pasado”, explicó Guzmán, quien añadió que, con cifras preliminares, el déficit actual rondaría los 13,700 millones de pesos.
Además, el funcionario, quien antes se desempeñó como gerente general del Consejo Nacional de Seguridad Social (CNSS), ofreció detalles sobre algunas de las malas prácticas detectadas. Entre ellas, la manipulación del llamado borderó, el sistema de autorizaciones médicas, donde los costos de hospitalizaciones y emergencias se registraban usando promedios artificialmente bajos, maquillando la realidad financiera de la institución.
En pocas palabras, Senasa sigue de pie, pero con cicatrices visibles. Hay avances, sí, pero también una factura enorme que aún no se termina de pagar. Y es que cuando se trata de la salud de millones de dominicanos, cada número cuenta… y cada peso mal manejado deja una marca difícil de borrar.
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