Bajo la dirección general de Adalberto Rodríguez, hijo de San José de las Matas, el Carnaval de Santiago 2026 cerró con una asistencia masiva y consolidó su proyección cultural y turística a nivel nacional e internacional.
SANTIAGO.— El sonido de los tambores aún parecía flotar en el aire cuando cayó la noche sobre el Parque Central. Minutos antes, miles de personas seguían bailando, tomando fotos y abrazándose como si nadie quisiera que terminara. Así concluyó el Carnaval de Santiago 2026: colorido, vibrante y profundamente humano.
La edición de este año, dirigida por Adalberto Rodríguez —oriundo de San José de las Matas—, no solo cumplió con las expectativas; logró algo más difícil: conectar tradición y modernidad sin perder el alma popular que distingue a esta celebración. Durante semanas, la ciudad se transformó en un gran escenario cultural, pero fue el cierre final el que confirmó que el carnaval sigue siendo el corazón festivo de Santiago.
Desde temprano, familias completas comenzaron a llenar los alrededores del parque. Niños con máscaras recién compradas, adultos buscando sombra entre risas y vendedores ambulantes que parecían formar parte natural del paisaje. Y es que el carnaval, más que un evento, funciona como un punto de encuentro generacional.
El alcalde Ulises Rodríguez lo resumió con orgullo al destacar que esta fiesta representa “la más auténtica expresión cultural del pueblo”. Allí estaban todos: los tradicionales lechones con sus vistosos disfraces, la irreverente Roba La Gallina, los pepineros, bolleros y las marolas, personajes que mezclan sátira, historia y creatividad popular. Cada máscara contaba una historia; cada comparsa parecía un pequeño universo en movimiento.
El desfile arrancó a las 2:30 de la tarde con la entrada de la Reina y el Rey del Carnaval junto al grupo de lechones Los Tuareg, marcando el inicio de una jornada que avanzó entre aplausos constantes. Desfilaron también la tradicional Roba La Gallina de Walvis Martínez, Las Marchantes de Ilsa Florentino y la comparsa Fantasía Egipcia de Miguel Jiménez, entre muchas otras propuestas que llenaron el recorrido de imaginación y energía.
Uno de los momentos más celebrados fue la presentación especial de Los Guloyas de San Pedro de Macorís, patrimonio cultural dominicano, cuya presencia recordó que el carnaval también es memoria viva. Luego llegaron los bloques organizados y comparsas invitadas, mientras el popular Roco Tren —ya convertido en símbolo del evento— recorría el área acompañado de artistas y personajes que animaban sin descanso.
Pero la verdad es que el carnaval no solo se miraba; se sentía. La música terminó de sellar la noche cuando artistas como Chiquito Team Band, Crazy Design, Roldán Mármol, El Jeque DT, Ronny GTA y DJ Julton subieron al escenario, transformando el cierre en una auténtica celebración colectiva. Miles de asistentes vibraron al unísono, como si la ciudad entera bailara al mismo ritmo.
Detrás del espectáculo hubo también una organización cuidadosamente planificada. La seguridad y el control logístico permitieron que familias completas disfrutaran sin incidentes, algo que muchos asistentes destacaron como una de las grandes fortalezas de esta edición. Además, la llegada de visitantes nacionales e internacionales confirmó el impacto económico del carnaval, visible en hoteles llenos, restaurantes activos y un comercio dinámico durante todo febrero.
La transmisión digital a través de YouTube durante los cuatro domingos amplió aún más su alcance, llevando el carnaval más allá de Santiago y conectándolo con dominicanos en distintas partes del mundo.
Durante el desfile final fueron reconocidas figuras claves en la preservación de esta tradición: Dinora Cabrera Puello, Miguelina Balbuena Polanco, Polanquito y Ana María López “Ninita”, homenajeados por años de dedicación silenciosa a una fiesta que pertenece a todos.
Cuando finalmente se apagaron las luces y el público comenzó a retirarse, quedó una sensación compartida: el Carnaval de Santiago no es solo una celebración anual. Es un recordatorio de identidad, de comunidad y de alegría colectiva.
Y este 2026, Santiago volvió a demostrar por qué su carnaval sigue siendo —para muchos— el más vivo y emocional de la República Dominicana.
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