Este viernes, la República Dominicana despierta con el pecho henchido y la bandera ondeando más firme que nunca. Son 182 años desde aquel 27 de febrero de 1844 que cambió la historia para siempre. Un día que no solo marcó la separación del dominio haitiano, sino que sembró —con sangre, valentía y convicción— el nacimiento de una nación.
En Santiago, la agenda inicia temprano. A las 8:00 de la mañana, en la Gobernación Provincial, se realizará el tradicional enhestamiento de la Bandera Nacional. Ese momento sencillo, pero cargado de simbolismo, en el que el lienzo tricolor sube lentamente mientras suena el Himno… y más de uno siente un nudo en la garganta.
Durante el acto pronunciarán palabras alusivas el director regional de Educación, Pedro Pablo Marte; el alcalde de Santiago, Ulises Rodríguez; y la gobernadora provincial, Rosa Santos. Además, el historiador Robert Espinal ofrecerá una intervención breve pero sustanciosa sobre los acontecimientos del 27 de febrero de 1844, recordando que aquella proclamación fue apenas el inicio, y que la independencia se consolidó semanas después con la heroica Batalla del 30 de Marzo.
Más adelante, a las 8:45 de la mañana, la Catedral Santiago Apóstol El Mayor abrirá sus puertas para el tradicional Tedeum. Se espera la presencia de autoridades civiles y militares, docentes, estudiantes de centros públicos y privados, y ciudadanos que cada año asisten no por protocolo, sino por convicción.
Y es que esta fecha no es solo un acto oficial. Es memoria viva.
Se recuerda el sacrificio de hombres y mujeres que arriesgaron todo por un ideal de libertad. Se honra el legado de Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, nombres que no son simples referencias históricas, sino pilares de la identidad dominicana.
La verdad es que la independencia no comenzó con un disparo en la Puerta del Conde. Comenzó mucho antes, en silencio, en la clandestinidad. El 16 de julio de 1838, Duarte y ocho compañeros fundaron La Trinitaria con un propósito claro: liberar la parte este de la isla y crear una república soberana. Entre ellos estaban Juan Isidro Pérez, Félix María Ruiz y José María Serra. Se organizaban en células de tres, utilizaban seudónimos y hasta un alfabeto criptográfico para protegerse del acoso del gobierno haitiano. Era una lucha estratégica, paciente y profundamente arriesgada.
Hoy, 182 años después, la República Dominicana no solo celebra una fecha. Celebra su carácter. Celebra su capacidad de resistir. Celebra la determinación de un pueblo que aprendió, desde sus orígenes, que la libertad se construye con sacrificio.
Porque cada 27 de febrero no es un simple aniversario. Es un recordatorio de quiénes somos. Y de todo lo que costó serlo.
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