La justicia y paz fueron el centro del mensaje del papa León XIV durante el Concierto de Navidad de la Capilla Musical Sixtina. Al concluir el acto, celebrado este sábado 3 de enero en el Vaticano, el pontífice elevó una súplica a Dios para que, por intercesión de la Virgen María, el mundo reciba estos dos dones urgentes.
El mensaje fue breve, pero profundo. Nació desde la música. Y terminó en el clamor humano.
La Navidad que se canta y se vive
El Papa agradeció a la Capilla Musical Sixtina por ayudar a meditar el misterio de la Navidad a través del canto. Recordó que la música no solo habla a la mente, sino también al corazón.
“No hay Navidad sin cantos”, afirmó. Dijo que el nacimiento de Jesús siempre ha sido celebrado con música, en todas las lenguas y culturas. Recordó que el Evangelio narra cómo los ángeles anunciaron la llegada del Salvador con un canto de gloria y paz.
León XIV evocó a los pastores de Belén como los primeros testigos de aquel “concierto de Navidad”. Imaginó su regreso, alabando a Dios, quizá cantando o tocando instrumentos sencillos. Pero señaló otro espacio donde la música resonó con más fuerza: el corazón silencioso de María.
Desde ahí, invitó a aprender a escuchar en el silencio. A seguir con fidelidad el papel que Dios confía a cada persona en la partitura de la vida.
Una oración por los niños sin paz
Al cierre de su mensaje, el Papa dedicó el concierto a los niños que viven la Navidad sin luz, sin música y sin lo necesario para una vida digna. Niños marcados por la pobreza, el conflicto y la ausencia de paz.
Pidió que Dios escuche su clamor silencioso. Y volvió a insistir en su ruego central: que el mundo reciba justicia y paz, hoy más necesarias que nunca.
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