En medio de un panorama internacional convulso y de realidades locales que duelen, el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santiago, monseñor Andrés Amauri Rosario Henríquez, levantó su voz. No desde la confrontación, sino desde la preocupación serena… y la esperanza.
Al referirse a la situación de Haití, el prelado lamentó profundamente la crisis que atraviesa esa nación vecina, especialmente en un momento en que el consejo presidencial de transición ha entregado el poder al primer ministro sin que se hayan concretado los cambios prometidos. “Es una situación que entristece”, dejó entrever. Y es que, cuando un país vive en incertidumbre constante, no solo se afectan las estructuras políticas; se resiente la gente común, la madre que teme por sus hijos, el joven que no encuentra rumbo.
Sin embargo, monseñor Amauri no se quedó en el diagnóstico. Dijo mantener la esperanza de que surjan hombres y mujeres con valores firmes, con sentido de nación, capaces de encaminar a Haití hacia un futuro más digno. Porque, como expresó en esencia, los pueblos no se levantan solo con decretos, sino con liderazgo ético y compromiso real.
Además, extendió su reflexión hacia Venezuela. Llamó a los venezolanos a no rendirse, a seguir luchando por su identidad y por la posibilidad de una patria libre. “Que no pierdan la esperanza”, fue el mensaje de fondo. La verdad es que, cuando una nación atraviesa crisis prolongadas, el mayor riesgo no es solo económico o político… es que la gente deje de creer.
En el plano local, el obispo mostró una preocupación visible por el aumento de la violencia y los feminicidios. Fue claro al señalar que detrás de quien comete un crimen muchas veces hay una historia marcada por carencias en la adolescencia o en la juventud. No lo dijo para justificar, sino para invitar a una reflexión más profunda: si no apostamos por la formación, por la educación en valores y por acompañar a nuestros jóvenes, seguiremos viendo consecuencias dolorosas.
Sobre los casos de corrupción en el Estado dominicano, fue directo. “Es triste”, afirmó, que personas designadas para administrar lo público terminen destituidas o enfrentando procesos judiciales. Para él, este es un momento que exige conciencia, revisión interna y compromiso ético. No se trata solo de señalar culpables, sino de entender que el servicio público debe ser eso: servicio.
Las declaraciones fueron ofrecidas durante una entrevista en Telemedios Canal 8 con el periodista Manuel Acevedo. Allí, además, favoreció la creación de un espacio especializado para personas con problemas de salud mental, donde puedan recibir atención psicológica y profesional adecuada. Un lugar que no solo trate al paciente, sino que acompañe también a la familia, para que ambos puedan vivir con mayor integración y dignidad en medio de la situación que enfrentan.
En tiempos de incertidumbre, monseñor Amauri Rosario insistió en algo sencillo pero poderoso: no perder la esperanza. Porque, al final, los pueblos —como las personas— necesitan razones para creer que es posible reconstruir. Y esa, dijo entre líneas, es una tarea de todos.
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