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domingo, junio 20, 2021

Los panfleteros de Santiago

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En San José de las Matas, tres hombres con los rostros tiznados asesinan los esposos Virgilio Martínez Reyna y Altagracia Almánzar – que estaba embarazada- , los que se consideran las primeras víctimas de la tiranía trujillista.

Por Ubi Rivas 

Fueron desde el principio valientes expresiones de repudio a la Era de Trujillo, organizada y presidida por el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo en la extensa tortura de 31 años (1930-1961) padecida por el pueblo dominicano, a partir de traicionar a su comandante en Jefe, el presidente Horacio Vásquez, con el golpe de Estado de febrero 23-1930.

Crímenes empezando el 01-06-1930 con los horribles asesinatos de los esposos Virgilio Martínez Reyna y su esposa Altagracia Almánzar, embarazada de seis meses, en San José de las Matas por sicarios del carnicero “general” José Estrella.

Ese mismo l930 el asesinato de Cipriano Bencosme en Los Mogotes de Moca, y el siguiente año Desiderio Arias en Los Cerros de Gurabo, Mao, y ese año, la conspiración del Centro de Recreo, donde corajudos planearon eliminar al sátrapa en ciernes, develada por un canalla, donde participaron entre otros, el joven médico Juan Isidro Jimenes Grullón.

En l956 silenciosa y poco conocida rebelión del doctor Rafael Estévez Cabrera (Fellito), abogado, profesor de historia patria, Primero B del Liceo Ulises Francisco Espaillat, desollando a Pedro Santana, Buenaventura Báez y Ulises Heureaux, lo recuerdo, levantado junto a Guillermo Valerio y otros pocos, en los mismos cerros de Gurabo de Mao, donde se alzó Desiderio Arias, 25 años antes.

Familias enteras fueron eliminadas por oponerse a la dictadura, Patiño y Perozo, y posterior De la Maza.

En 1949 la expedición de Luperón, diez años después 14 y l9 junio 1959, expediciones de Constanza, Estero Hondo y Maimón, el trueno que sacudió las aletargadas conciencias, pereciendo asesinados la mayoría, luego hechos presos, por demencial vesania de Ramfis Trujillo.

Enero l960 la gran conspiración integrantes del 14 de junio, liderados por Manolo Tavárez Justo, recogieron el mensaje y el relevo de las expediciones mencionadas del año anterior, cientos torturados y otros asesinados en las ergástulas de la tiranía.

El horrendo y cobarde asesinato de las hermanas María Teresa, Patria y Minerva Mirabal, noviembre 25-1960, esta última, esposa de Manolo Tavárez, un abominable exceso de Trujillo porque esas indefensas damas en nada amenazaban su tiranía, sacrificadas por desborde de megalomanía y exhibición morbosa del poder, acciones muy concordantes en el último lustro de la tiranía, con la innegable influencia del tétrico coronel EN John Abbes García, director del grimoso Servicio de Inteligencia Militar (SIM), que decenas de opositores eliminó con sadismo demencial, vinculado agente encubierto de la CIA norteamericana, creíble por espantosos excesos contra cientos opositores, nunca registrados en todo el trayecto anterior de la satrapía.

PARENTESIS ESPECIAL

El torrente de testosteronas, digno de una oda gemela de Ariosto en Orlando Furioso, de Los Panfleteros de Santiago de los Caballeros, merece un paréntesis especial, entendiendo que sus integrantes, en su inmensa mayoría eran niños crecidos a la adolescencia, referencia cumbre de Wenceslao Guillén Gómez (Wen), con apenas 20 años, odisea de infinito valor, audacia, temeridad, desafío al poder absoluto, sin meditar un ápice la dimensión del peligro, el final de las consecuencias lóbregas, solo el impulso del desnudo valor, y la indomable y enhiesta acerada convicción, sin Criptonita por medio de arredrar el propósito, de liberarnos del terror y la sofocante asfixia de la disidencia.

Conocí de vista a Wen Guillén al discurrir muchas veces frente a su hogar, esquina formada por las calles Máximo Gómez y Desiderio Valverde, residiendo apenas a 200 metros de donde vivía con mis padres y abuelos paternos.

Wen era un niño grande, mirada torva, huraña, penetrante, oculta aspiración que fuesen Rayos X para penetrar en las almas ajenas, ceño permanente fruncido, clara referencia de la enorme contradicción de su alma, confrontada con el entorno político degradado que evidentemente le asqueaba, mortificaba, motorizando su silenciosa rebeldía.

Formó un grupo contestatario enfrentando la tiranía que denominó Unión de Grupos Revolucionarios Independientes (UGRI), con la asesoría de Aurelio Grisanty (Cayeyo), avanzada en Santiago del Movimiento 14 de junio liderado por Manolo Tavárez, que iniciaron pintando en las solitarias madrugadas santiaguensas de la época, paredes de casas con frases: “ABAJO TRUJILLO”.

En un clandestino mimeógrafo imprimió cientos de volantes que deslizó por debajo de cientos de puertas de calle, esquivando la mía, con una corta pero mortal frase:

“TRUJILLO ES UNA MIERDA”

Era una protesta insólita, porque todas las anteriores fueron rebeliones, conspiraciones, enfrentamientos, pero ésta era por el litoral de la descalificación y la auténtica definición de un sanguinario y rapaz dictador inclemente con la disidencia.

En un empedernido megalómano, fatuo, con estructura anímica de auténtico desalmado, deleznable ogro, el panfleto que circuló por Santiago de los Caballeros, recogidos muchos por el SIM, consistió una ofensa imperdonable para un dictador que sus áulicos elevaron a categoría de semi dios, y dE reacción más instintiva que racional, respondió lo que entendió ofensa, pero que en la realidad era la auténtica pero letal definición de su persona que flotaba muda en gran parte de los dos millones de ciudadanos que éramos entonces en el país, unos 60 mil en Santiago, unos 300 mil en Sango Domingo, que el Congreso títere del sátrapa cambio por Ciudad Trujillo.

Los Panfleteros fueron apresados en sus lechos la madrugada del 2l-0l-l960, conducidos a la capital amarrados, encerrados en las ergástulas del Palacio de la Policía y La 40 de Ciudad Trujillo, torturados con métodos horribles e impublicables por lo macabro, vomitivo, inconcebible y salvaje, no tanto para delatar a todos los integrantes del grupo,  sino para esparcir la atrocidad con fines de arraigar el terror, con el fútil intento de diluir la disidencia, que al revés, potencializó la oposición, odio y repudio a la tiranía y sus deshumanizantes métodos represivos, al final troceados con sierras eléctricas.

Las partes trozadas de Los Panfleteros por las sierras eléctricas de los torturadores fueron arrojadas al mar Caribe, frente al Placer de los Estudios, donde el Matadero Municipal arrojaba las piltrafas de animales sacrificados, pasto de tiburones y picúas, acostumbrados a la diaria pitanza.

Ese caudal de temerario valor, imposible de aforar, Manuel Bueno logró relatar en el libro Los Panfleteros de Santiago el  testigo excepcional los infiernos de bolsillo de La 40 y el sótano del Palacio de la Policía, publicado el 05-02-l98l en el desaparecido matutino El Sol, editado por Efemérides Patrias en 2007, reproducido el 04 de agosto reciente en La Información, erróneamente calzado por el hoy destacado jurista y revolucionario Ramón Antonio Veras (Negro), uno de los pocos que sobrevivió la impiadosa cacería de Los Panfleteros porque ninguno lo delató, salvándose a chepa de ser asesinado, que motiva esta reflexión, en relación al inédito desborde de testosterona, demostrado por un grupo de párvulos, apenas evolucionados a adolescentes, que fueron Los Panfleteros de Santiago de los Caballeros.

Valor inconmensurable, lámpara votiva y abrevadero, idóneo de iluminar la conducta política de las generaciones

Wenceslao Guillén

interminables, abrevando en el ejemplo de su sacrificio, ofrendando sus vidas persiguiendo la conculcada libertad perdida desde el aciago cuartelazo del 23-02-l930, sobre todo, tratándose de párvulos que apenas ingresaban a la adolescencia.

Wen Guillén no fue solo un revolucionario emotivo impactado por la reacción de contemplar a su pueblo envilecido, aterrorizado con el dogal de la tiranía, sino que dispuso de formación intelectual, nutrido consumado asiduo lector de la biblioteca Amantes de la Luz, donde acudía diario, leyendo a José María Vargas Vila, contestatario de déspotas, inclusive El Capital de Carlos Marx, uno de los pocos libros detectados en su residencia por el tenebroso SIM cuando fue apresado.

Wen Guillén logró una pequeña pero sólida formación revolucionaria mediante la lectura, que ayuntó a su inquieto espíritu, persiguiendo quimeras por el expediente de osadías, enfrentando con un reducido grupo, la más feroz y despiadada tiranía que hasta hoy conocen los registros patrios, extensivo a todas las satrapías de entonces y hasta hoy de América Latina, con el inequívoco respaldo del imperio.

Estas reflexiones plasmadas en el presente trabajo aspiro una permanente clarinada a la juventud, promesa del mañana conducir los destinos patrios, de manera que logren inspirarse en los inmarcesibles ejemplos de Los Panfleteros, honrándolos en el accionar público, con la entrega y el sacrificio con que lo hicieron, recogiendo la tizona de la Raza Inmortal que irrumpió por Constanza el l4 de junio l959 y cinco días después, el l9 por Estero Hondo y Maimón, odisea que fracasó en el sesgo militar, pero triunfó en galvanizar y despertar las conciencias, ateridas por el terror, con el trueno de su acción temeraria y gloriosa.

EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.

Fuente: Almomento.net

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