La lluvia no ha terminado de decir su última palabra. Y, de hecho, todo apunta a que lo más intenso aún podría sentirse en las próximas horas.
El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) informó que 25 provincias y el Distrito Nacional permanecen en alerta amarilla, mientras otras dos se mantienen en verde. La decisión no es casual. Responde a un panorama que, poco a poco, se ha ido complicando.
La verdad es que los suelos ya están saturados. Y cuando eso ocurre, cualquier lluvia adicional —por leve que parezca— puede convertirse en un problema mayor.
Un cielo cargado… y lo que viene
Según los informes del INDOMET y el INDRHI, el país sigue bajo condiciones propicias para más precipitaciones.
Y es que no se trata solo de lluvia.
Se esperan aguaceros fuertes, tormentas eléctricas, ráfagas de viento e incluso posibles granizadas, especialmente en zonas cercanas a montañas. Un cóctel climático que obliga a mirar al cielo… pero también al suelo.
Porque ahí está otra clave: la humedad acumulada.
Provincias bajo vigilancia
Entre las demarcaciones en alerta amarilla figuran territorios clave como Santiago, Santo Domingo, La Vega, Puerto Plata, San Cristóbal, Duarte —especialmente la zona del Bajo Yuna—, así como otras provincias del este, norte y sur del país.
Mientras tanto, San Juan y Dajabón se mantienen en alerta verde. Una especie de respiro, aunque con cautela.
Riesgos reales, no teóricos
El COE fue claro en sus recomendaciones.
Pidió a la población no cruzar ríos, arroyos o cañadas con alto volumen de agua. Tampoco utilizar balnearios en las zonas bajo alerta.
Puede parecer una advertencia repetida… pero la realidad es que cada año, situaciones similares terminan en tragedias evitables.
Además, en la costa atlántica, las autoridades llaman a la prudencia. Las embarcaciones pequeñas y medianas deben navegar cerca del perímetro costero, sin aventurarse mar adentro, debido al oleaje irregular y los vientos.
Entre la rutina y la incertidumbre
Para muchos, este tipo de alertas ya forma parte del día a día en temporada de lluvias. Sin embargo, cada evento tiene su propia dinámica. Y esta vez, la combinación de suelo saturado y lluvias persistentes mantiene en vilo a varias comunidades.
La pregunta, quizás silenciosa pero constante, es hasta cuándo.
Por ahora, el llamado es claro: precaución, atención a los boletines oficiales y, sobre todo, no subestimar la fuerza del agua.
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