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jueves, septiembre 16, 2021

La Reforma Policial

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Luciano Filpo

Desde la antigüedad han existido cuerpos de individuos o instituciones ocupadas de imponer el orden. El ser humano ha vivido bajo el dilema del orden y la libertad. Casi siempre se ha escogido el establecimiento del orden como mecanismo necesario para la paz, convivencia y cohabitación de seres humanos con posiciones diferentes y funciones disimiles. Entre los romanos estaban los ediles, quienes organizan ciudades y cabildos, entre los árabes el emir era la autoridad política ocupada del orden. Ocuparse del orden y la organización implica ser autoridad, inspirar respeto, reconocimiento y aceptación.

En la sociedad medieval había cuerpos civiles y religiosos encargados de imponer el orden y la obediencia entre los comunitarios, en la época moderna, después de las revoluciones burguesas se crean los cuerpos policiales para mantener el control social en el ámbito urbano, las mismas pueden ser fuerzas locales. Los ejércitos han sido las fuerzas ocupadas y reservadas para preservar la soberanía y el orden constitucional. En República Dominicana, la creación de un cuerpo policial viene vinculada a la primera ocupación militar norteamericana 1916-1924, es un aparato represivo, brutal y con una visión colonial del entorno.

En la era de Trujillo, 1936, se crea la policía nacional y su misión no dicta mucho de las influencias dejadas por los marines, el sátrapa era producto de esa ocupación, había quedado como herencia, un lacayo y esquirol eficiente combatiendo a los gavilleros, campesinos del este del país que se resistían al despojo de sus tierras por las corporaciones azucareras de capital extranjero. Desde sus orígenes el cuerpo del orden público aparece como un gendarme paralelo al ejército, con los mismos rangos, con la subordinación al tirano y con disposición para reprimir, torturar, maltratar y humillar a la ciudadanía. Crear el terror y el desconcierto en la población civil fue misión policial. La dictadura de Trujillo y el régimen bonapartista y cesarista (represivo) de Balaguer hicieron del cuerpo del orden un organismo abyecto y proclive al crimen y el asesinato de civiles.

Durante los doce años de Balaguer (1966-1978) hubo jefes de la policía como Neil Nivar Seijas que era tan poderoso como el jefe del ejército y se disputaban la hegemonía y control de los cuerpos represivos. Bajo el gobierno de Antonio Guzmán (1978-1982) se produjo un proceso de despolitizar las fuerzas armadas y la policía nacional, cada vez que hay hecho perpetrado por el cuerpo policial que enerva la ciudadanía, que conmueve la opinión pública se habla de la reforma policial, desde los ochenta (siglo XX) se hacen amagos para la reforma, pero no ha habido la voluntad política para humanizar e institucionalizar el cuerpo del orden. Hacer una reforma de policía implica romper una cultura de represión, contubernio con el crimen, impunidad, retaliación y hacer daño por encargo.

Sociológicamente los oficiales de los cuerpos policiales provienen de la clase media o de la burocracia policial, se someten a estudios en academias locales y extranjeras, constituyen un cuerpo elite, creado para dirigir el orden público. Mientras los simples agentes de policías: rasos, cabos y otros alistados provienen de la marginalidad, de los suburbios urbanos, de las chabolas y cordones de miseria de la sociedad.

El raso ha padecido la remuneración de un salario bajo, de miseria, de un sueldo cebolla, como dicen los mismos policías. Se construye la narrativa, que siendo policía aparecen oportunidades que permiten el progreso y el ascenso social de los policías de baja investidura. Esos muchachos con escasa formación técnica y profesional pueden ser moldeados para defender los intereses de sujetos, agentes y personeros involucrados en actividades reñidas con el orden y las buenas costumbres.

Se crean espejismos con el consumo y el bienestar los cuales no corresponden con los niveles salariales policiales, ni siquiera la alta oficialidad podría justificar sus estándares de vida en relación a los salarios devengados. Una cantidad significativa de agentes policiales, viven en un estado de humillación, subordinados a autoridades civiles, a las queridas y otros familiares, moviendo carritos en supermercados y otros oficios ajenos a la naturaleza de los cuerpos del orden. La reforma policial debe abarcar la cobertura espacial de un agente policial, los cuerpos del orden deben ser locales, municipales o provinciales, hay que promover la reforma de un cuerpo cercano a la población, que le genere confianza a la ciudadanía, hay que auditar los cuerpos policiales, cada general o jefe de policía termina millonario, la cámara de cuentas y cuentos debe tener autoridad para revisar las cuentas del cuerpo del orden. También el cuerpo del orden debe estar subordinado al ministerio público cuando se lleva a cabo una acción judicial.

Aquí el ministerio publico vive subordinado a la policía. La policía debe ser una institución para proteger los derechos de todos, para investigar el crimen a profundidad, para evitar que se inventen expedientes y se coloquen armas y drogas en la imputación a ciudadanos inocentes. También ese cuerpo debe disponer de recursos y medios tecnológicos para combatir los entramados criminales y el bajo mundo. La muerte de los pastores evangélicos en Villa Altagracia, ha generado una catarsis justiciera que reafirma la vocación criminal de muchos agentes que tiran, matan y luego hablan de intercambio de disparos. La reforma policial es ineludible, necesaria y saludable tanto para el cuerpo del orden como para la sociedad.

El autor es Dr. en Educación.

©La Información.

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