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Jánico

La función pública y las aspiraciones presidenciales

Tengo por norma escribir sobre temas que entiendo convenientes tomando en cuenta experiencias y aprendizajes. En esa línea, me he referido a que la historia dominicana ha enseñado que ningún funcionario designado por el poder ejecutivo, estando en ejercicio, ha logrado alcanzar la presidencia de la república. Para lograrlo ha sido necesario haber dejado el cargo por lo menos 4 años antes o más. Pero como algunas personas confunden términos e ideas, reitero, que me refiero a funcionarios nombrados o designados por el poder ejecutivo, ocupando un cargo.

Como inicié hablando de experiencias y aprendizajes, quiero recordar que, siendo secretario general del desaparecido Partido Revolucionario Socialcristiano, renuncié cuando entendí que la línea política de buscar una fusión con Balaguer y el Partido Reformista era errónea. En ese entonces tenía además bajo mi responsabilidad el Instituto de Formación Jacques Maritain, con el respaldo del Instituto de Formación Demócrata Cristiana (IFEEC) y la Fundación Konrad Adenauer de Alemania. Por allá pasaron miles de jóvenes a recibir entrenamiento político e ideológico, así como docenas de distinguidas personalidades nacionales e internacionales del mayor nivel a participar en conferencias y seminarios.

En seminarios con la participación de prominentes dirigentes socialcristianos internacionales como Rafael Caldera, Arístides Calvani, Luis Herrera, Gabriel Valdez, y dominicanos como Alfonso Moreno, Cesar Estrella, Josefina Padilla, Antonio Rosario, Rogelio Delgado, Abigail Cruz Infante, Ignacio Miranda, Fernando Mangual, y de ilustres personas con diferentes formas de pensamiento, tales como Peña Gómez, J. Rafael Abinader, Castaños Espaillat, Ivelisse Prats, sacerdotes, rectores y catedráticos universitarios varios, se trataron ampliamente temas difíciles y controversiales, entre ellos: “la sucesión política y las aspiraciones dentro de los partidos”

Los resultados siempre fueron los mismos, aconsejar y enseñar sobre la conveniencia de adquirir experiencia en el tren gubernamental, pero, advirtiendo lo difícil que se hace poder desempeñar un puesto público, sobre todo a nivel superior, con entrega y eficiencia y al mismo tiempo aspirar a la candidatura presidencial. Porque todo el que aspire a ocupar la posición cimera de la nación, requiere de tiempo suficiente para poder ensamblar una plataforma o estructura nacional, debiendo al mismo tiempo cumplir a cabalidad con sus funciones, y eso es difícil. Porque se corre el riesgo de empañar las buenas intenciones.

Los argumentos expuestos eran contundentes. Igual que señalar, que en países con debilidades de formación y con idiosincrasia como las nuestras, la mayoría de la gente entiende que los funcionarios públicos tienen posibilidades de resolver todos los problemas. Lo que ahora se denomina clientelismo. Y eso, casi siempre conduce a propiciar dificultades, tanto a ellos, a los partidos como a sus gobiernos.

Expongo estos criterios porque me siento en el deber y con la edad suficiente para hacerlo. Por el deseo de aportar, aunque sean ideas que puedan ayudar a que en nuestro país se fortalezcan la institucionalidad, la ética y la moral. Porque no tengo vocación a esconder mis pensamientos y porque Dios me ha dado el privilegio de compartir experiencias y enseñanzas con personas que se identificaron con el ideal de lucha por la justicia social, el fortalecimiento de la institucionalidad y por la democracia. No por otras razones.


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