Hay silencios que duelen más que cualquier palabra. Y la verdad es que, desde hace quince días, la ausencia de Brianna Genao Rosario pesa así: como un nudo en la garganta de todo un país. La niña, desaparecida en el municipio de Barrero, provincia de Puerto Plata, se ha convertido en el rostro de una angustia colectiva que no da tregua.
A medida que pasan los días, la incertidumbre crece. Según han informado las autoridades, la investigación ha entrado en una fase avanzada y decisiva. Ya no se trata solo de búsquedas iniciales o hipótesis dispersas. Ahora el proceso está en manos directas del Ministerio Público, que asumió el control total del caso tras los primeros operativos sin resultados concluyentes.
Desde entonces, el trabajo se ha vuelto más técnico, más profundo. Además, se han intensificado los rastreos en la zona donde ocurrió la desaparición, con el apoyo de unidades especializadas de la Policía Nacional y del Dicrim. Tecnología de análisis, inteligencia digital y recursos forenses se combinan en un esfuerzo que intenta reconstruir cada minuto, cada movimiento, cada posible pista.
Las autoridades revisan cámaras de vigilancia, cruzan registros telefónicos, analizan datos de geolocalización y realizan interrogatorios a familiares y vecinos. Es un proceso minucioso, casi quirúrgico, donde ningún detalle se considera menor. Y es que, cuando se trata de un niño, el tiempo no es solo un factor técnico; es una carga emocional que corre en contra.
La gravedad del caso llevó al Gobierno dominicano a dar un paso más y solicitar cooperación internacional. De ahí la participación del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de los Estados Unidos, que se ha sumado con asistencia técnica, agentes especializados y unidades caninas. Este apoyo se canaliza a través de los acuerdos de cooperación bilateral y cuenta también con la participación de la Oficina Internacional de Asuntos Antinarcóticos y Procuración de Justicia de la Embajada estadounidense.
Mientras tanto, la búsqueda continúa de forma intensa en la comunidad donde Brianna fue vista por última vez. Las autoridades trabajan de manera coordinada con la familia y con distintas instituciones del Estado. Esa unión de esfuerzos, aunque nace del dolor, abre una puerta de esperanza: la posibilidad de encontrar a la menor y devolverla sana y salva a su hogar. Brianna fue reportada como desaparecida el 31 de diciembre de 2025, una fecha que hoy marca el inicio de una espera que nadie quisiera vivir.
Este caso, además, reabre una herida que aún no cicatriza en la memoria nacional. La desaparición del niño Roldany Roldán, ocurrida hace nueve meses en Manabao, Jarabacoa, vuelve a resonar con fuerza. Ambos tenían apenas tres años. Ambos desaparecieron cerca de sus casas. Y en ambos casos, las respuestas siguen sin llegar. Los padres de Roldany han vuelto a alzar la voz, pidiendo que la cooperación internacional también se extienda a su búsqueda.
La desaparición de un niño no es solo una tragedia privada. Es una sacudida moral que interpela a toda la sociedad. Obliga a pensar en la protección de la niñez, en la vigilancia comunitaria, en la prevención y en la capacidad del Estado para responder con rapidez y eficacia.
Hoy, el país entero comparte un mismo deseo: que la verdad salga a la luz, que los menores sean encontrados y que la paz, al fin, pueda regresar a los brazos de sus familias.
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