Lincoln López
Los dominicanos conmemoramos cada 26 de enero un aniversario más del natalicio de Juan Pablo Duarte (1813-1876), líder, ideólogo y Padre de la Patria. La nación dominicana debe fortalecer el valioso legado recibido, más allá de la simbología de los actos protocolares.
Duarte debe ser conocido y emulado a mayor profundidad por las nuevas generaciones.
Juan Pablo Duarte es la figura cimera de nuestra nacionalidad, además, es un referente moral, un hombre culto y consciente del poder del arte y del saber filosófico, como medios eficaces para crear una conciencia social nacional.
Lo hizo desde “la Sociedad La Trinitaria” fundada en 1838, como plataforma principal, para alcanzar la emancipación plena, y, desde la Sociedad Dramática “La Filantrópica”, utilizando el teatro como centro de difusión y concienciación para ese objetivo independentista.
Su pensamiento político iluminó las mentes de la juventud de entonces.
Hoy también debe ser una fuente de inspiración y de fortalecimiento de nuestra identidad para continuar luchando por mantener la República Dominicana que queremos: “libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera”.
A continuación una muestra del mismo:
“Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones”.
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