Ginebra volvió a ser este jueves escenario de uno de los pulsos diplomáticos más complejos de la actualidad internacional. Irán y Estados Unidos se sentaron, una vez más, a negociar sin mirarse directamente a los ojos: lo hacen a través de intermediarios, en un formato de conversaciones indirectas que ya acumula tres rondas y que, por primera vez, parece avanzar con propuestas concretas.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmail Baqai, confirmó que sobre la mesa existen «propuestas operativas» relacionadas tanto con el programa nuclear como con el levantamiento de las sanciones económicas que asfixian a Irán desde hace años. Según sus palabras, las iniciativas presentadas son «muy importantes» y podrían representar un punto de inflexión en un conflicto que lleva décadas enquistado.
El objetivo de Teherán es claro: conseguir que Washington retire las restricciones económicas que castigan duramente al país persa. Pero hay una línea roja que la delegación iraní dejó marcada desde el primer momento: el derecho del pueblo iraní a utilizar la energía nuclear con fines pacíficos no está en discusión, ni lo estará.
Una pausa que no es silencio
Durante la jornada se produjo una interrupción de varias horas que, a primera vista, podría haber generado alarma. Baqai fue rápido en aclarar que no se trató de un bloqueo ni de un desacuerdo insalvable, sino de una pausa necesaria para que ambas delegaciones consultaran con sus respectivos gobiernos. Las conversaciones, explicó, se retomarían entre las 17:30 y las 18:00, hora local.
Este tipo de pausas, habituales en la diplomacia de alto nivel, reflejan que lo que ocurre en la sala de negociación tiene eco directo en Teherán y Washington. Nadie mueve ficha sin el respaldo de su capital.
Esta tercera ronda da continuidad a los encuentros previos celebrados en Omán y en la propia Ginebra. En la segunda cita, el ministro de Exteriores iraní, Seyed Abás Araqchi, anunció que ambas partes habían acordado un conjunto de principios rectores para orientar las negociaciones hacia un posible acuerdo. Un paso modesto, pero significativo en el contexto de la desconfianza mutua que caracteriza esta relación.
Teherán acusa a Washington de enviar señales contradictorias
El tono de Baqai no fue de euforia, pero tampoco de escepticismo. El portavoz defendió que su delegación ha actuado con coherencia y ha mantenido en privado la misma posición que sostiene en público. Sin embargo, deslizó una crítica directa hacia la contraparte: no ha percibido la misma consistencia del lado estadounidense.
Y tiene argumentos para esa queja. En los días previos a esta ronda de conversaciones, Estados Unidos incrementó su presencia militar en la región e impuso nuevas sanciones contra Irán, medidas que resultan difíciles de conciliar con un discurso que, al mismo tiempo, apuesta por la vía diplomática. Para Teherán, esa contradicción no pasa desapercibida.
A pesar de todo, el portavoz insistió en que las conversaciones son «muy serias» y que el gobierno iraní acude a ellas con el firme propósito de defender los intereses nacionales.
El mundo, pendiente de Ginebra
Mientras los contactos continúan en la ciudad suiza, la comunidad internacional observa con atención si estas propuestas sobre la mesa lograrán, esta vez sí, acercar posiciones entre dos países que llevan décadas enfrentados por el expediente nuclear y el peso de las sanciones. La historia de este conflicto está llena de momentos de esperanza que no llegaron a buen puerto. Queda por ver si Ginebra escribirá un capítulo diferente.
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