Hay juegos que se ganan.
Y hay juegos que se sobreviven.
La madrugada del domingo en el Estadio Panamericano de Guadalajara se vivió uno de esos partidos que nadie quiere que termine… pero que cuando termina, deja a todos sin aliento. Los Charros de Jalisco vencieron 12-11 a los Tomateros de Culiacán en 10 entradas, en una final inédita entre equipos mexicanos en la 68ª Serie del Caribe. Y la verdad es que fue una locura hermosa.
El desenlace fue tan dramático que parecía guion de cine: dos lanzamientos descontrolados después de dos outs en el décimo inning permitieron primero el empate y luego la carrera de la victoria. Así, casi de forma salvaje, cayó el título.
De 9-1… al abismo
Los Charros salieron encendidos. Tres carreras en la primera, cuatro en la segunda y dos más en la cuarta. 9-1 arriba. El estadio era una fiesta anticipada. Wilmer Ríos y luego Odrisamer Despaigne no encontraban cómo frenar la ofensiva tapatía.
Pero en el béisbol —y más en finales— nada está escrito.
Culiacán respondió con furia en el quinto episodio. Seis anotaciones ante Luis Ernesto Rodríguez y el bullpen jalisciense. De pronto, el 9-1 se convirtió en 9-7. El partido cambió de tono. Ya no era celebración. Era tensión.
Intercambiaron golpes, como boxeadores en el último asalto. Y cuando los Charros estaban a dos outs del campeonato en el noveno, apareció Víctor Mendoza. Jonrón de dos carreras ante Trevor Clifton. Su segundo cuadrangular de la noche. Empate a 10. Silencio. Incredulidad. Extras.
Drama puro en la décima
En la parte alta del décimo, Alí Solís dio elevado de sacrificio y puso arriba a los Tomateros 11-10. Parecía el golpe definitivo.
Pero el béisbol tenía guardado otro giro.
Con la regla del corredor fantasma en juego, los Charros llenaron las bases con dos outs. El cerrador Lupe Chávez lanzó un wild pitch. Empate. Luego caminó a Mateo Gil, hijo del dirigente Benji Gil, para volver a congestionarlas.
Y entonces… otro lanzamiento descontrolado.
Michael Wielanski, el Jugador Más Valioso de la Serie, cruzó el plato con la carrera del campeonato. 12-11. Locura total. Jugadores corriendo, guantes al aire, abrazos que parecían no terminar.
Fue un cierre salvaje. Literal.
La sexta fue la vencida
Para Benji Gil, el título tuvo sabor especial. Después de cinco intentos fallidos como dirigente en Serie del Caribe, por fin levantó el trofeo. Y lo hizo ante el mismo club con el que brilló como jugador y al que llevó a cuatro campeonatos de la Liga Mexicana del Pacífico.
Los Charros, bicampeones consecutivos de la LMP, conquistaron su primera Serie del Caribe como franquicia y la décima para México como país. No es un detalle menor. Es historia.
Ahora Gil pone la mira en Houston y el Clásico Mundial de Béisbol. Porque el béisbol no se detiene.
Lo que viene
La Serie del Caribe seguirá teniendo acento mexicano en 2027, cuando se juegue en Hermosillo, en el Estadio Fernando Valenzuela. Además, se espera el regreso permanente de Venezuela al torneo, una noticia que muchos celebran.
Después, el evento viajará a Miami por tres ediciones consecutivas en el loanDepot Park. Y es que, como dijo Juan Francisco Puello Herrera, presidente de la Confederación del Caribe, jugar en un estadio de Grandes Ligas siempre es un plus. Miami, además, es punto de encuentro natural para el fanático latino.
Pero eso será después.
Por ahora, Guadalajara todavía vibra. Porque lo que se vivió fue más que un campeonato. Fue una montaña rusa emocional. De esas que te sacuden el alma.
Y sí, fue una final de película. De esas que el béisbol, caprichoso y maravilloso, regala muy de vez en cuando.
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