El Tribunal Supremo de Estados Unidos dio este viernes un golpe decisivo a la política comercial del presidente Donald Trump al declarar ilegales los aranceles globales que había impuesto usando poderes de emergencia, ordenando su anulación inmediata. La decisión sacudió a Wall Street, aunque en sentido positivo: los mercados, que arrancaron el día en números rojos, viraron al alza en cuestión de minutos.
La sentencia deja sin efecto tanto los aranceles que la Casa Blanca justificó como herramienta para frenar el tráfico de drogas, como los llamados «aranceles recíprocos», anunciados con gran pompa el año pasado durante el denominado «Día de la Liberación». El denominador común de ambas medidas era su respaldo legal: la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977, conocida por sus siglas en inglés como IEEPA.
Ahí estuvo el problema. La administración Trump sostuvo que esa ley, que permite al presidente «regular» el comercio exterior en tiempos de emergencia nacional, le daba carta blanca para imponer aranceles de forma unilateral. El Supremo no lo vio así. El presidente del tribunal, John Roberts, fue contundente: gravar no es lo mismo que regular. Y recordó algo que figura en la Constitución desde el primer día: solo el Congreso tiene la potestad de meter la mano en el bolsillo de los ciudadanos a través de impuestos. Si quiere delegar ese poder en el Ejecutivo, tiene que hacerlo de forma explícita. Nada de interpretaciones creativas.
La reacción en los mercados fue inmediata. El S&P 500 y el Dow Jones subieron alrededor de un 0,4%, mientras que el Nasdaq, con su fuerte componente tecnológico, lideró las ganancias con un alza cercana al 0,6%. Los inversores, que esa mañana ya tenían los nervios de punta por las tensiones con Irán y los datos económicos publicados durante la jornada, encontraron en el fallo un motivo inesperado para el optimismo.
Trump no tardó en reaccionar. En el desayuno que mantuvo con gobernadores en la Casa Blanca, el mandatario calificó la decisión de «vergüenza» y aseguró que tiene un plan B para seguir adelante con las tarifas. No ofreció detalles, pero dejó claro que no tiene intención de dar por perdida la batalla arancelaria.
Desde Bruselas, la Unión Europea reaccionó con cautela. El portavoz de Comercio de la Comisión Europea, Olof Gill, señaló que el fallo se está analizando con atención y que el bloque mantiene contacto estrecho con Washington para entender qué pasos piensa dar la administración a partir de ahora.
Analistas advierten que las consecuencias de esta decisión van mucho más allá del corto plazo. El fallo redefine los límites del poder presidencial en materia comercial y podría obligar a la Casa Blanca a negociar con el Congreso cualquier medida arancelaria futura, cambiando de raíz la forma en que Estados Unidos gestiona sus disputas comerciales con el mundo.
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