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sábado, julio 24, 2021

El ron dominicano, entre la tradición y la magia

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Santo Domingo.- (Prensa Latina) El ron, bebida alcohólica que inunda con su aroma los más selectos lugares del mundo, ocupa un lugar preponderante en la República Dominicana, y sus marcas figuran entre los productos más buscados por quienes visitan el territorio.

Si hablamos de Quisqueya no podría faltar, junto con la música (merengue y bachata) y el béisbol, la lista de rones patrimonio de este pueblo caribeño.

Y aunque esa lista la encabezan los Brugal, Bermúdez y Barceló, detrás de ellos se exhibe toda una pléyade de etiquetas de esa bebida alcohólica que son tan buenas como las mencionadas y cuyo sabor complace los más exigentes paladares.

SU HISTORIA VIENE DE LEJOS

Desde su surgimiento, los abc de los rones parten de dos elementos esenciales, la caña de azúcar y el agua, unidos ambos a todo un proceso modernizado con los años, el cual se cierra con la insustituible magia y los secretos aportados por los maestros roneros.

Según historiadores, la caña de azúcar, originaria de la India, fue traída por Diego Bermúdez en el segundo viaje de Cristóbal Colón a La Española en 1493, y de aquí saltó a los campos de Cuba, Puerto Rico y Jamaica.

Asimismo, conocedores del tema plantean que la palabra ron surgió de rembullion, lo cual quiere decir “gran tumulto” y por abreviatura los ingleses lo llamaron rum, los franceses rhum y los españoles ron. Sea cierta o no esa parte de la historia, la realidad es que nos encontramos en el epicentro de los rones del mundo.

Para obtener más detalles sobre el camino de esta bebida en la República Dominicana, Prensa Latina visitó el Museo del Ron, ubicado en la Zona Colonial de esta capital, lugar único y encantador, pero sobre todas las cosas, abarcador; erigido gracias al esfuerzo y dedicación de quienes decidieron hace 12 años acometer este empeño.

Allí, la ingeniera Altagracia Carrasco, al frente de la institución y conocedora como pocos de los avatares del producto, nos mostró el museo que exhibe los instrumentos utilizados para cultivar la gramínea siglos atrás y los trapiches de época empleados para extraerle el jugo a la caña.

Ante lo que parece obvio, la encargada del Museo manifestó: “Tenemos larga historia de la industria de la caña, del alcohol, fíjese, para tener un buen producto final debemos tener la materia prima que cumpla los requisitos, es decir, plantaciones con los minerales adecuados para dar un gran producto y puedan dar alto contenido de azúcar para lograr las fermentaciones sean lo más efectivas posibles y eso nosotros lo tenemos”.

También, apuntó, la calidad del agua es vital y la nuestra viene perfecta, pero sobre todo lo caracteriza la importancia que dan los productores a cuidar la calidad de los congenéricos de la bebida. No puedes un día sacar un alcohol pesado y otro uno diferente, eso hay que cuidarlo”, y por último enfatizó sobre “la importancia de la barricas usadas en el país”.

Las barricas -donde se añejan-, tienen que ser de calidad, “eso define la terminación de cualquiera de nuestros rones”, eso es vital, y especificó cómo en estos momentos las traen de Kentucky, Estados Unidos, luego de usadas en el envejecimiento del whisky.

PRODUCCIÓN Y COMERCIALIZACIÓN

República Dominicana mantiene un alto liderazgo en la producción y comercialización local e internacional del ron de caña. Junto a las marcas referidas, otras entraron a ocupar espacios en los mercados sin desplazar a sus mayores, entre ellas se encuentran Siboney, Macorix, Don Rhon y Punta Cana, por mencionar ese segundo escalón solamente.

De acuerdo con datos de la Asociación Dominicana de Productores de Ron, en este país se producen unos seis millones de cajas de esa bebida al año y de ellas, unos 2,5 se comercializan en 75 países, siendo los principales receptores España, Estados Unidos, Haití, Chile, Italia y Alemania.

Además, esa industria genera más de cuatro mil empleos directos e indirectos y aporta unos 10 mil millones de pesos en impuestos al año (173 millones de dólares) y sus exportaciones ascienden a 120 millones de dólares, el 81 por ciento del total de las bebidas alcohólicas del país.

Aunque en los momentos actuales, debido a la Covid-19, los mercados se han visto afectados por disímiles causas, este sector mantiene su pujanza y se encuentra presto a volver a sus mejores momentos.

POR UN RON MEJORADO

Para aportar nuevas aristas que ampliaran sobre el tema, los caminos nos llevaron a conocer alguien a quien el ron le corre por las venas, y no precisamente porque lo consuma en demasía, sino porque lo heredó de sus ancestros: José Alberto García.

Amablemente nos recibió barra por medio en el lugar del Museo donde se pretende que los amantes de la buena bebida caten y prueben los mejores rones producidos en la nación.

Don José, como todos le llaman, es hijo de César García, reconocida figura del ramo, quien dedicó su vida al patrimonio quisqueyano del ron.

Al conocer que su entrevistador es cubano, abrió el ameno encuentro mencionando a Fernando G. Campoamor (1914-2001), periodista y escritor coterráneo, quien destacó en sus textos el desarrollo de la industria del ron en esa nación.

Este periodista cubano reseñó muy bien, dijo, el por qué Dominicana fue no solo la Primada de América, sino la primera en recibir la caña de azúcar y desde aquí se propagó al Caribe.

Develó que la motivación del Almirante por traer la caña de azúcar a este territorio fue provocada por su suegra, quien era sembradora de caña en el sur de España y ella lo motivó en ese sentido.

El experto afirmó que la cultura del ron es muy vieja, y aunque en el Museo existe una amplia muestra de etiquetas y botellas desde 1925, en esencia cuatro empresas fueron las iniciadoras del mercado.

No obstante, lo pasado, pasado es, y “los dominicanos hemos hecho un puente entre aquella época y sus secretos y los hemos traído al presente con las últimas tecnologías para hacer un ron mejorado”, precisó.

Aclaró que en la actualidad se hace el alcohol, esencia de la bebida, sacando el jugo de la caña con todos sus nutrientes y sacarosa, y eso resulta una ventaja para tener un buen producto.

Y lo otro, es “que usamos para su envejecimiento barricas con cuatro años de haber envejecido whisky en Kentucky, eso es el alma de nuestro de nuestro ron”, algo ya comentado por Carrasco.

Al respecto recalcó que “dentro de la magia de nuestro ron se encuentra la escogencia de las mencionadas barricas, pero ahí no basta, después las cuidamos como ovejas, es decir, las vigilamos una a una y velamos el ambiente donde están para garantizar estén libres de olores indeseables”.

“Dentro de esas barricas se consigue lo mejor del ron, y en nuestro caso, por las reacciones físico-químicas que le da la temperatura del Caribe, donde de día hay calor intenso y en las noches refresca variando hasta cuatro grados centígrados, y ese movimiento de temperatura junto con los secretos que cada alquimista o licorero, es vital”.

EXIGENCIA Y EXCLUSIVIDAD

El miembro del Consejo del Grupo Barceló durante casi 20 años sostuvo que el nivel de exigencia en la fabricación del ron dominicano es tal, que en ocasiones aleatoriamente hacen pruebas a ciegas utilizando personas con olfato exquisito, “de esas con la posibilidad de detectar tres mil olores diferentes”, y todo para llevar a cabo autocontroles.

Quien se considera uno de los ideólogos del Museo, habló de dos rones únicos que elabora esa institución, uno se denomina “El Museo del Ron” y el otro “César García”, dedicado a su progenitor.

Rones exclusivos, señaló, que no están en la larga lista de los conocidos pero seguramente, de no ser por las limitaciones de su producción, volarían de los estantes de la institución por el exquisito sabor logrado tras un buen añejamiento, “de lo cual doy fe”.

“El ron César proyectamos lanzarlo próximamente, tiene una gran calidad al estar elaborado con la madre sacada de tres garrafones de vidrio que estaban guardados desde 1940 y esa madre, ayudada por las técnicas modernas, da un producto de primer nivel”, agregó.

Llegado ese momento del encuentro y motivado por todas estas personas que se les sale el ron por los poros, mientras degustaba un insustituible César recibí una clase magistral de cómo se disfruta el buen ron, desde el uso de las copas hasta la forma de consumirlo.

De esa forma recorrimos los caminos del ron dominicano convencidos de que además de historia, tradición y cultura, destila magia hasta para el más moderado de los abstemios, entre los cuales este periodista no se encuentra.

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