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sábado, octubre 23, 2021

¿Dónde está Danilo?

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Raúl Mejía Santos
Profesor de Historia, Thomas Alva Edison School. Vive en Caguas, Puerto Rico.

Los dominicanos deben preguntarse: ¿dónde está Danilo? Si, ese mismo, el que juró dos periodos consecutivos como presidente de República Dominicana y ahora se ha desvanecido como por arte de magia. A pesar de los sometimientos a la justicia de allegados al expresidente, incluyendo sus hermanos, cuñados y miembros de su entorno político y militar, Danilo Medina brilla por su ausencia y sobre todo su silencio.

¿Se esconde, o espera momento oportuno para dar un zarpazo? Hay que ver, el audaz político sureño ha sabido maniobrar en el fango de la política desde los tiempos que fue presidente de la Cámara de Diputados y luego ministro de la presidencia en los gobiernos de Leonel Fernández.

No pretendemos hacer un recuento de su larga trayectoria política, eso es asunto de conocimiento público. Lo que sí llama poderosamente la atención es que en el escenario que vive el país el también presidente del PLD se mantiene en las gradas sin emitir comentario, sin salir en defensa de los suyos, o alegar persecución como otros han hecho cuando asoma el ministerio público con acusación en mano.

Quien calla otorga, dicen por ahí. Lo cierto es que al danilismo le han asestado un golpe mortal, será muy difícil recuperar los bríos de antes cuando gobernaban un país de incautos. Confiaron en la impunidad de siempre, la misma que cobijó las andanzas de una putrefacta clase política que servían sus intereses así como su caudal. El actual gobierno se deshizo del acostumbrado borrón y cuenta nueva.

El gobierno del presidente Luis Abinader intenta cambiar la cultura política dominicana, su meta es institucionalizar el estado y dejar una huella permanente sobre nuestra historia nacional. Una encomienda muy difícil, pero no imposible.

Los danilistas fallaron el cálculo, apostaron a una candidatura natimuerta de un personaje sin bagaje político, poco simpático e incapaz de competir más allá de las dádivas que repartió alegremente con fondos públicos canalizados hacia la campaña. A pesar de los cuantiosos recursos el sepulcro electoral les esperaba.

El fracaso del candidato Gonzalo Castillo representó la caída estrepitosa del danilismo y la división definitiva del PLD. Los señalamientos acusatorios, los múltiples entramados de corrupción desvelados ante la opinión pública y los procesos judiciales rápido apuntaron hacia esa parcela. Hasta Cesar Emilio lo delató.

Danilo Medina presentía la avalancha, no asistir al acto de juramentación del actual mandatario ante la asamblea legislativa evidencia su estado emocional ese día. Lucía desencajado, inquieto, poco sociable; contrastando con un radiante presidente electo que apenas anunciaba al país la designación de doña Miriam como procuradora general.

Solo un cobarde se esconde, se agacha y teme enfrentar las consecuencias de sus actos. Alegar desconocimiento de temas y situaciones tan alarmantes en el entorno del expresidente no es defensa. A los presidentes se les informa todo, nada se les escapa. El arte del caliesaje en República Dominicana es un oficio al servicio de los cuerpos de inteligencia nacional.

Actuar en detrimento del estado protegiendo a familiares y allegados involucrados en actos dolosos al erario no te hace cómplice, te hace coautor de una trama y empresa criminal apadrinada desde la cima del poder político. El verdadero pulpo con tentáculos en cada trama era el.

Danilo Medina debe rendir cuentas, no puede escaparse de la mirilla de la justicia. La historia pasará juicio sobre los que claudiquen su responsabilidad de hacerle justicia al país.

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