La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, lanzó este miércoles un llamado a la reconciliación nacional durante un acto conmemorativo por el 167 aniversario del inicio de la Guerra Federal. Ante dirigentes campesinos, Rodríguez pidió poner fin a lo que describió como un ciclo destructivo de odio y extremismo que, según ella, ha llevado al país a situaciones de grave riesgo, incluyendo los sucesos del pasado 3 de enero.
«Venezolanos que fueron incendiados vivos por su color de piel, por su pensamiento político. Debe acabarse con ese ciclo», afirmó la mandataria con visible énfasis, en uno de los momentos más crudos de su discurso.
El llamado no fue solo retórico. Rodríguez aprovechó el escenario para reconocer a todas las víctimas de la violencia política registrada entre 1999 y 2025, a quienes valoró por su disposición al perdón tras la promulgación de la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática. Un gesto que, en el clima político venezolano, tiene un peso simbólico difícil de ignorar.
Uno de los puntos más llamativos del discurso fue la distinción que trazó Rodríguez entre el disenso legítimo y la confrontación estéril. La presidenta encargada dejó claro que su convocatoria a la paz no implica borrar las diferencias políticas ni ideológicas que existen en la sociedad venezolana, sino aprender a convivir con ellas.
«Podemos, sí, avanzar desde la divergencia y la diferencia», señaló, dejando en claro que el chavismo no renuncia a su proyecto de justicia social inspirado en Simón Bolívar y en el general Ezequiel Zamora, figura central de la Guerra Federal que el acto precisamente conmemoraba.
Para Rodríguez, ese proyecto bolivariano no es excluyente sino, al contrario, una invitación abierta. «Desde el bolivarianismo, nosotros tendamos la mano a quienes piensan distinto, para que entiendan que el proyecto de Bolívar es un proyecto nacional, que se niega a la coerción», completó.
Un giro también económico
El discurso no se quedó en lo político. Rodríguez apuntó hacia un cambio de rumbo también en materia económica, apostando por una alianza entre el campesinado y el sector privado como palanca para alcanzar metas de producción, abastecimiento y exportación de productos estratégicos.
«Venezuela debe tomar un nuevo camino, distinto, para la política, pero también para el diálogo económico», dijo, en lo que algunos analistas podrían interpretar como una señal de apertura hacia sectores con los que el gobierno ha tenido históricamente una relación tensa.
En el plano internacional, Rodríguez adelantó que las diferencias con otros países serán manejadas mediante lo que denominó «la diplomacia bolivariana de paz», un enfoque que, según ella, guiará la política exterior venezolana en adelante.
El acto cerró con una imagen que el chavismo buscó proyectar con claridad: la de un gobierno que dice querer construir, según sus propias palabras, «una Venezuela más democrática, más justa, más libre», pero desde sus propias coordenadas ideológicas y con la mano extendida, aunque no vacía de contenido político.
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