
Espero estar viernes 20 en la noche, dictando una conferencia en Nueva York con motivo de los setenta años de la fundación del Movimiento Popular Dominicano.
Me invita un comité conmemorativo integrado por compañeros y amigos residentes en esa ciudad, a quienes agradezco desde ahora la invitación y la hospitalidad con que, de seguro, nos acogerán a mí y a doña Dulce.
Contento, porque viajar puede ser divertido; útil, además, porque salimos de la rutina, puede uno aproximarse a esos grandes escenarios de los cuales, metido uno en este pequeño rincón del mundo donde vivimos, apenas se tiene una visión muy limitada. Se encuentra uno con gente a la cual tiene años y hasta décadas sin verla y abrazarla. En fin, se vive y se aprende.
Pero como no soy muy viajador, vivo demasiado apegado a mi país, mis hábitos laborales, mi casa, mi gente, a mi rutina y todo eso crea en mí un vínculo sentimental y cariñoso del que me he tenido que zafar para emprender el viaje. Los que viajan a menudo no tienen ese problema.
Disfrutaré mi viaje, trataré de aprovecharlo para aprender, pese a lo drástico que resulta el cambio de ambiente, empezando por el violento cambio de temperatura.
Así, que a nadie le quepan dudas de que extrañaré muchas cosas. Aunque la tecnología moderna nos facilita la relación y el intercambio a la distancia, a mí, el de Nagua, el último romántico, le resulta imposible caer en las manos glaciales del invierno norteamericano, y no añorar el clima acogedor de mi país; el paisaje natural y humano, ni todas y cada una de las causas que dan vida al apego amoroso a las cosas buenas de la cotidianidad en que discurre la vida en República Dominicana.
Es una extraña dualidad eso de estar contento con el viaje y altamente agradecido de quienes me han invitado, por un lado; y medio pensativo y añorante, por salir de los hábitos cotidianos. Pero he encontrado una solución para armonizar las cosas.
Disfrutar el viaje y aprovecharlo en todo lo positivo que pueda haber en él, mientras, en mi corazón me llevo mi tierra y a toda la mucha gente que quiero, para seguir queriéndolas con más intensidad cuando regrese.
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